LA MUJER QUE HAY EN MI
 
Dayanne
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LA MUJER QUE HAY EN MI
 
DESCUBRIENDO LA MUJER QUE HAY EN MI
El sentir el viento que acariciaba mis piernas con pantimedias, mi cuerpo semidesnudo y la idea de que alguien pudiera pasar y verme, me excitaba de sobremanera. Era algo que disfrutaba mucho, era algo... Prohibido... y quizás eso era lo que más me agradaba.
Tengo 45 años y soy travestí de closet. Me gusta el nombre de Dayanne y es así como me hago llamar en mi versión femenina. Esta es una narración de como fui descubriendo mi personalidad de mujer y de como fue la primera vez que me presente así ante unos ojos masculinos.

Todo empezó hace tres años al encontrarme solo ya que mi familia había salido de vacaciones. Un día al meterme a bañar vi una pantaleta de mi esposa en el baño y no sé por qué sentí ganas de ponérmela. Cuando lo hice tuve una sensación extraña, una mezcla de excitación, miedo, alegría y otros sentimientos, pero lo cierto es que me gustó muchísimo. Fue mi primer contacto con una prenda femenina, en ese momento no lo sabía pero fue el inicio de toda una etapa en mi vida.

Al paso de los días seguí poniéndome la ropa íntima de esposa cada vez con más frecuencia. Llegué a estar un día completo con medias, pantaleta y un brasier puestos debajo de mi ropa de hombre. Muchas veces dormía con lencería, cuando lo hacía, generalmente me despertaba por la noche, me ponía a caminar por la casa solo con la ropa interior de mujer puesta. Siempre que la casa estaba sola, aprovechaba para vestirme de mujer. Me salía a caminar, vivíamos en un lugar donde no había muchas casas, así que no había mucho riesgo. Me ponía medias, pantaleta, un brasier y así salía, en ese entonces era eso lo que me gustaba, ponerme lencería y nada más... Así pasaron varios meses.

Al cabo de un tiempo me fui a meter a una sala de cine y mis costumbres continuaban, esta vez fui un poco más lejos. Había un lugar medio solitario cerca de la pared en la parte alta de la sala, era de noche y había muy poca gente ahí, lo cual yo aproveché para quitarme la ropa de hombre que traía encima y quedar vestido de mujer. Me dirigí al baño y al caminar por el pasillo pude sentir como el viento acariciaba mis piernas y mi cuerpo semidesnudo y la idea de que alguien pudiera pasar y verme, me excitaba de sobremanera. Era algo que disfrutaba mucho, era algo “prohibido” y quizás eso era lo que más me agradaba. Evidentemente nadie sabía de eso, ni mi familia, ni mis amigos. Era un secreto completamente mío. Aclaro que no me gustaban los hombres, únicamente me ponía ropa de mujer y ya. Un día me vestí completamente de mujer: lencería, pantimedias, zapatillas, maquillaje, perfume, hasta una toalla femenina me puse. Ese día me sentía demasiado femenina, al ver mis formas de mujer en el espejo, por primera vez pasó por mi mente la idea de estar con alguien, la idea de saber que siente una mujer cuando tiene relaciones sexuales. Solo quedó en eso, pero ahora cada vez que me vestía de mujer, la idea volvía, hasta que un día no resistí más y decidí buscar a un Prosti de la calle e irme a in hotel. Al llegar a su habitación temblaba como una gelatina, no sé si de nervios o en realidad sentía frío. Creo que la travestí al verme se dio cuenta de era primerizo y comenzó a platicar conmigo de una manera tranquila y sin prisa alguna, me ofreció una copa y poco a poco con los nervios de punta y la voz entrecortada le confesé que debajo de mi ropa venia vestido totalmente de mujer. Me dijo que estaba bien al tiempo que saco de su bolso una especie de pipa metálica, la prendió y fumaba pero sin despegar el encendedor de la pipa. Me ofreció y me dijo que eso serviría para relajarme. Accedí y después de tres o cuatro fumadas me sentí totalmente relajado, cachondo, empecé a sentirme desinhibido, me quite la ropa de hombre quedando con la ropa femenina, me puso maquillaje, me pinto los labios y me puso una peluca pelirroja de pelo natural, al mirarme al espejo me sentí soñad@...
Comenzó a acariciarme y a querer besarme los labios, pero yo le detuve, no me sentía del todo bien, pero tampoco del todo mal. Había mucha confusión en mí. Pero volvió a insistir, me decía le gustaban mis formas y sobre el comportamiento de mujer que estaba teniendo. Y luego comenzó a querer desatar los botones me mi vestido para quitármelo, no supe como reaccionar, quería decirle que no, pero al mismo tiempo me excitaba la idea y quería decirle que continuara. Y mientras me decidía a saber que decirle, empezó a desabrochar los botones hasta que mi vestido cayó por los suelos dejándome sólo con mi ropa interior de mujer.
Y en ese momento todo cambió, junto con el vestido que se deslizaba por mi piel, lo que había o lo que quedaba de hombre en mí también se fue desvaneciendo. Y al ver mi desnudez, me sentí sin defensas, me sentí frágil y hasta vulnerable, pero al mismo tiempo sentí que mi feminidad salió a flote, me sentí sensual. En ese momento finalmente asimilé que en aquella habitación había un hombre ante mi con aspecto de mujer, frente a una mujer, yo. Y sentí la necesidad de acariciarlo y corresponder a sus frases, esta vez fui yo quien le dije que me encantaban sus formas y sobre todo el comportamiento que había tenido conmigo, esta vez fui yo quien buscó sus labios. Luego fui yo quien comenzó a desabotonar su ropa para quitársela. Luego me llevó con delicadeza hasta la cama, me recostó sobre ella y seguimos acariciándonos. Con su boca recorrió mi cuerpo hasta el último rincón de mi piel, al besar mi ano y juguetear con su lengua en el, creí desvanecerme, el placer que sentí es indescriptible. Yo hice lo mismo, recorrí su cuerpo desde la frente hasta los pies. Acaricié su pecho, lo desnudé completamente, jugué con su pene, la pasee por mis manos y mi cara. Lo introduje en mi boca y jugué con mi lengua y ese miembro completamente masculino. Le hice sexo oral durante un buen rato, al sentir como su pene estaba en mi boca tenía la sensación de estar haciendo mío a un hombre/mujer.

Después siguió el, paseo su pene por mi cuerpo, me quito mis zapatillas, pero le pedí que no me desnudara completamente, al conservar esas prendas femeninas (la tanga, el brasier y las pantimedias) me sentiría más mujer. Hizo a un lado mi tanga, perforó un poquito mis pantimedias a la altura de mi ano, se colocó un condón, me lubricó y comenzó a penetrarme. Me introdujo lentamente su pene, me estaba doliendo, pero me gustaba, el placer era mucho más grande que el dolor. Y así seguí hasta haberme introducido todo su pene, luego comenzó a sacarlo también lentamente, pero yo no quería que me lo sacara, me gustaba tenerlo dentro de mí. Pero luego volvió a metérmelo otra vez, lentamente y así varias veces. En una ocasión lo sacó casi completamente de mi ano y luego volvió a introducirlo todo de un sólo empujón, eso fue algo que me gustó muchísimo, después volvió a hacerlo, cada vez más rápido. Al sentir como su pene entraba y salía de mi ano, supe me estaba haciendo suya, supe lo que sentía una mujer al tener relaciones. Y en ese momento supe que me había transformado en mujer. Así pasamos un buen rato hasta que terminó dentro de mi ano. Sentí toda la rigidez de su pene vibrando, fue una sensación que me encantó. Luego estuvimos platicando mucho y seguimos fumando esa maravillosa pipa hasta quedarnos dormidos.

Al día siguiente, al despertar y verme semidesnuda, solo con ropa interior de mujer y ver a un hombre a mi lado, medí cuenta que no había soñado, que todo había sido real, que si me habían hecho mujer. Estuve muy feliz, luego despertó y volvimos a hacer todo lo de la noche anterior. Todo el día estuve con ropa de mujer y como mejer me hizo sentir una y otra vez. Y mi vida continuó así. Nadie a parte de mi amig@, que en ese momento se volvió mi amante, mi hombre/mujer, mi idilio, conocía mi rostro ni sabía de mi secreto.

Autor: DAYANNE
dgnere69@hotmail.com